Con el pantalón desgarrado, la camisa rota de un brazo, los zapatos despegados, aquellos días nunca los olvido, eran épocas de mi mala vida, andar como callejero y pelearme con borrachos, ¡Por Dios, que me pasaba! Nada era suficiente, siempre yendome a tomar con mis amigos, y de paso embriagándo a algunas chicas para estar con ellas, no era conciente de lo que hacía, pero eso no justifica nada.
Ese día era como cualquier otro, iba caminando de regreso a casa, siempre armado por la delincuencia, ya eran las 11 de la noche, y con mayor razón tenía que tener cuidado, estaba un poco picado por los tragos de cerveza y luego un poco de ron con mis amigos, sentía que tal vez no llegaría a casa, pero paso a paso y apoyándome contra la pared, es así que seguía sin siquiera detenerme o voltear para ver si alguien me seguía, la calle pues estaba con las luces apagadas, tal vez se olvidaron de prenderlas, o habría corte de luz, la noche era tan oscura que ni la luna se notaba por las nubes a su alrededor.
Fue en ese momento que sentí un brazo en mi garganta, y una voz que me decía, ya perdiste, dame todo lo que tienes. Yo en mi ebriedad, le dí un golpe en el estómago y me di la vuelta, mala decisión, me di cuenta que no era uno sino dos, y sin pensarlo, y con el temor que algo me pasara, ya estaba comenzando a sudar en frío por lo que estaba pasando, no se me ocurrió otra cosa que sacar la pistola y disparé, sin mirar a dónde solo disparé, y para mi mala suerte, le dí en el pecho, los vecinos salieron y me vieron con el arma, yo no sabía que hacer, y de lejos comencé a escuchar las sirenas de la policía, ¡Qué había hecho!
El complice de quien maté, se fue corriendo hacia el otro lado de la calle, sin que nadie lo parara. Y yo pues seguía con el arma en la mano, y con la impresión de lo que había hecho, estaba en shock, hasta que la policía llegó. Y al ver que había estado tomando, me detuvieron con arma y todo, me llevaron a la delegación, ni siquiera traía mis documentos. Llamé a casa, y mi madre lo único que hizo fue decirme, ya estás grande para asumir tus responsabilidades, colgué, y con lágrimas en los ojos, sólo miraba al policía que me comenzó a interrogar.
Es así que ahora estoy aquí, tras éstas rejas que día a día me van consumiendo, en un abrir y cerrar los ojos, perdí el significado de lo que era vivir, y ya para cuando salga seré un hombre mayor, al cuál ninguna mujer va a querer, y así viejo y sólo moriré.